viernes, 4 de abril de 2014

Gluttony's sin


Desde que era muy niña he escuchado a mi vieja hablar sobre el peso, preocupada siempre por las dietas, calorías, nutricionistas, etc. Ella muy delgada yo muy gorda. Estaba preocupada porque yo me quedara así. Como a eso de los once o doce, empecé con lo del nutricionista y las dietas insoportables que lo único que hacen eran que me dieran más ganas de comerme una cassatta gigante de helado. Me acuerdo de mi cuadernito especial de Pascualina (o algo parecido) donde debía anotar cada alimento que había comido en el día y luego revisar sus calorías en la listita famosa del dostor. Al principio me pareció genial, aprendía sobre calorías que podía comer y que no, así dejaba de ser una de las gorditas del curso y podía gustarle a mis compañeros, aparte igual era entrete escribir que comía en el día (por alguna razón que ahora no recuerdo). Pero con los días aburrió y terminaba escribiendo cosas como "En la tarde me comí unas papas fritas, lo siento mañana no como nada en la tarde" MENTIRA. Después de eso, de a poco fui dejando la famosa dieta y pasaron los días. Mis abuelos que adoro siempre me decían que comía mucho y que estaba muy gorda, así que me compraron laxantes (son un amor), igual se los agradezco porque eso ocurrió en el momento exacto en que me pegue el "estirón" y pase a la adolescencia, ehem ya no tengo mega panza pero aún estoy muy gorda.

 

A eso como de los trece, catorce me entro una depresión muy nosesienrealidaderadepresion porque estaba en plena adolescencia, ya no vivía con mis abuelos mis padres como siempre trabajando todo el día, yo sola en casa con hermano y no se, tenía amigos nuevos, mis amigas muy regias yo muy enamorada de niño de cuarto medio y muy emo. No enserio, EMO. Y puff deje de comer, la comida me daba asco su olor su presencia su todo. Comía debes en cuando y era raro, en las mañanas no podía tomar desayuno y en el colegio me daba asco almorzar porque nuestro "casino" no era más que otra sala de clases con cuatro comedores y dos microondas que usualmente estaban quemados porque nadie recordaba sacar sus almuerzos que llevaban media hora ahí y cachaban cuando el humo había colapsado la salacasino. Así que terminaba comiendo recién a eso de las cinco de la tarde. Si es que...

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